Capítulo de muestra y fragmentos extraídos de la novela ‘Con canciones de amor y sexo’

“Me ha hecho reír, reflexionar y emocionar”. Ver opiniones.

 

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RISAS, PASIÓN, EMOCIONES, MÚSICA… UNA NOVELA DE ESCRITURA SENCILLA Y ATMÓSFERA POP PARA UN TRASFONDO SUGESTIVO…

 

Portada Con canciones de amor y sexo LOWA través de una canción se puede decir mucho… y compartir los sentimientos más íntimos. Whatsapps, emails y miradas. Risas, pasión y emociones intensas. Nada volverá a ser lo mismo en sus vidas cruzadas. A veces, ni siquiera imaginas lo que te queda por descubrir. Tan solo tienes que encontrarte con la persona indicada. Todo comienza rememorando un desengaño amoroso…

J. A. Ibáñez propone una novela con un tratamiento original que combina anécdotas divertidas, diálogos estimulantes y reflexiones sobre el amor actual. Un libro de historias y personajes muy actuales donde la música también es protagonista, aportando otra capa de significado al relato. Así aparecen muchas canciones de diversos estilos y épocas de artistas como, entre otros, Adele, Elvis Presley, Depeche Mode, Michel Bublé, Bunbury, Françoise Hardy, Zaz, Fangoria o Vetusta Morla… ¿Cuáles son tus canciones vitales?

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Un libro a la vez divertido y reconfortante, con diálogos cargados de vida, reflexiones sobre el amor y mucha música.

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Capítulo y extractos de muestra

 

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¡Oye! No me importa”, le dije. “No tengas prejuicios de mí y yo no los tendré de ti”.

 

(…)

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¡Sorpresa! Pasados unos días de carteo me manda una canción de Françoise Hardy cantada por ella misma que me tocó la fibra más sensible. Su dulce voz acariciaba las sílabas, mientras que la delicada y pegadiza melodía me embargaba con una mezcla de sentimentalismo, exaltación y felicidad. Su letra era un verdadero homenaje a la intimidad en pareja, a los encuentros y ausencias. Merci, petite fille.

Le premier bonheur du jour

C’est un ruban de soleil

Qui s’enroule sur ta main

Et caresse mon épaule ”.

La primera alegría del día

Es una cinta de sol

Que se enreda entre su mano

Y acaricia mi hombro”.

Canción: Le Premier Bonheur Du Jour.

Artista: Françoise Hardy

 

Al escuchar el tema establecí un lazo con ella inquebrantable, emocional, extraño, e impaciente. Realmente ella no sabía lo afrancesado, por decirlo de alguna manera, que yo era. Ni lo sensible, ni lo musical… Tampoco en qué y cómo íbamos a vincularnos. Ni yo, claro. La curiosidad me podía. No era capaz de pasar un día más sin conocerla, así que lancé la propuesta de cita inmediatamente. Y aceptó.

Los días previos fueron interesantes, pues la intriga fue aumentando por momentos. Pensaba en los mensajes, la situación y las singularidades de las dos personas que nos íbamos a conocer.

Un día mi nueva amiga me dijo por email: “No te asustes, pero tengo un regalo para ti”. ¿Qué sería?

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Pista 19. El encuentro

 

Estuvimos pensando distintas opciones para la cita, pero al final apostamos por la solución más cómoda y sencilla. Yo la iría a visitar a su pueblo: Loeches. De ahí, en principio, nos dirigiríamos a Torrejón de Ardoz, que está justo al lado. Un poco, a petición de ella,  para salvaguardar su privacidad frente a su cotilla vecindad.

Sábado a las 18 h. Esa era la hora acordada. Recordé mi primera quedada con Carmen, precisamente, porque ahora las condiciones eran totalmente distintas. De hecho, no había ni un solo elemento en común. Había cerrado un encuentro con una chica menor que yo, con “rollo indie”, despreocupada y aparentemente muy emocional. Y, encima, en un pueblo en el que no había estado nunca. Bueno, realmente, hacia donde me dirigiría era un territorio totalmente desconocido para mí…

Por supuesto, la camisa y los zapatos sobraban. “A buscar un jersey de rayas, el vaquero más moderno y unas zapatillas”, pensé. “Ya había llegado el invierno. Un gorro de lana y bufanda también a rayas es lo que mejor va. Y además, me protege del aire gélido, que eso siempre se agradece”. Miré en el Google Maps y calculé el tiempo de llegada. Incluí un margen ante una posible desorientación y retraso. Debía buscar una papelería que hace esquina. Allí me dijo que esperaría.

Sábado a las 17 h. es el momento de coger el coche. Al final me entretuve y no salí con tanto tiempo de sobra como hubiera querido, pero iba bien. Hacía bastante frío, pero no llovía. Podremos dar un paseo, pensé. Me monté en el coche, enchufé el GPS y salí de viaje.

Loeches estaba más lejos de lo que pensaba, pero llego de sobra. Mi instinto de explorador me obliga a dar unas vueltas con el coche por el lugar, aunque tampoco voy muy atento. Mi mente está a otros asuntos. Por fin, me dirijo al sitio acordado y allí estaba. La veo de lejos. Va vestida de una forma informal: pantalones anchos con multibolsillos, de un tono gris verdoso, cazadora de similar color, con cremalleras, y una gran bufanda que le tapa buena parte del rostro. Delgada y pelo bien rizado, pero recogido. Poco más puedo adivinar. Supongo que es ella. Y es que es muy fácil. No hay absolutamente nadie por las calles del pueblo.

Frenazo, “escáner” de búsqueda de hueco para aparcar, y en pocos minutos ya estoy levantando el brazo saludándola y soltando un estruendoso hola que resuena en el silencio de la solitaria carretera que cruzaba yo en aquel momento. Dos besos de saludo. —Todavía hoy recuerdo su aroma, inconfundible, y que penetró súbitamente en las profundidades de mi ser—.

Ahora puedo divisarla un poco mejor. No se parece mucho a la persona de la foto. Parece más guapa, pero tampoco tengo mucha oportunidad de fijarme. Estamos nerviosos y ella me propone, prudentemente, que vayamos a dar una vuelta para que pueda enseñarme Loeches. Comenzamos a pasear por las calles desiertas y frías del pueblo, viendo atardecer y teniendo nuestras primeras palabras cara a cara. Nada importante. Me muestra algunos sitios bonitos, la iglesia, el monasterio y me dice que poco más hay… Así que, rotas las desconfianzas, nos preparamos para irnos a Torrejón de Ardoz.

No nos cuesta aparcar cerca de la Plaza Mayor. Ella prefiere que yo elija el sitio, pese a que era la primera vez que visito la ciudad. Aleatoriamente nos metemos en una taberna confortable, sin demasiado ruido y gente. Un té para mí y un Trinaranjus de naranja para ella. Al quitarnos los abrigos… nos “desnudamos”. Nos sentamos uno al lado del otro. No estamos frente a frente. Nuestras miradas en demasiadas ocasiones se pierden en el infinito, sobre todo la suya.

Veo un movimiento súbito imprevisto con gesto de relativa preocupación mientras rebusca en sus bolsillos. Pero tiene rápida resolución:

Aquí tienes. Mi regalo. Es una tontería. Son grabaciones cutres que he hecho —me dice—. Escúchalas y si las pasas por ahí pues mira, nunca se sabe.

¿Está la que me pasaste de Françoise Hardy? Me gustó mucho —pregunto.

Fija su mirada en mí. Por primera vez descubro el brillo de sus ojos. Son enormes, de color miel con un toque de ámbar que los hace únicos, y que transmiten pureza, sencillez y generosidad. Asocio su semblante a la melodía templada con su voz. En aquel preciso instante mi mente comienza a rememorar la canción. No sé qué ocurre, pero me siento turbado, nervioso, extraño… En seguida ella aparta la mirada. Siempre apartaba la mirada.

Tras unos momentos de no saber qué hacer, recuperamos la conversación. Como no podía ser de otra manera comentamos las canciones que venían en el CD, y luego muy someramente repasamos las típicas preguntas de una primera cita, intrascendentes y trascendentes a la vez. Echo un trago largo a mi ya fría infusión y pregunto:

¿Por qué no me miras?

¿Me quieres seducir con la mirada? —Gira la cabeza hacía mí a la vez que responde.

No sé qué decir y callo. Diez segundos y ella rompe el silencio:

—Me cuesta mucho mirar a los ojos a un hombre… hasta que no he dormido con él.


(…)

 (…)

 

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Portada Con canciones de amor y sexo - para web 3

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“Y prometieron locuras, y cumplieron sus promesas y se derramó ternura…”

Canción: “La flor de la mañana”.  Artista: Presuntos Implicados.

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Portada Con canciones de amor y sexo - GUITARRA 5

Fragmentos de la novela

 

 

Estoy pensando… Prepárate… . Te voy a hacer algo… que nunca jamás te ha hecho un hombre”.

¿Es algo para comer? Xp”.

No precisamente. O:)”.

——–

 

Le decimos que sí, aunque precisamos que tendríamos que confirmarlo.

Rosa no lo sabe, pero en esa semana que propone para la cena, casualmente o no, los dos cumplimos años. Primero yo, y cuatro días después ella. ¡Ya tenemos organizada una cena para celebrar nuestros respectivos cumpleaños! ¡Y reserva provisional de fecha y salón para nuestra boda en Cáceres!

Minutos después los dos estábamos brindando con champagne francés y abriendo nuestro obsequio de cortesía: una elegante cajita con toda la información del lugar y una pequeña latita de algo llamado “esferificaciones de chocolate negro”. Toda una exquisitez a la que le íbamos a dar buen uso. ¡Por los tiempos del amor y la aventura!

Et de bonheur”.

Y la felicidad”.

Canción: Le temps de l’amour.

Artista: Françoise Hardy.

——

 

Tras un buen rato volvimos al hotel, muertos de frío. Nos sentamos en el sofá de la suite a hacer “la boa” como ella decía, asimilando su vientre hinchado por la copiosa comida con el aspecto de este animal tras haber ingerido su presa.

Acogido en su pecho como un niño pasaron los minutos, en placidez. Tan sólo percibíamos los susurros de nuestras respiraciones y la cadencia templada de los dos acompasados corazones. Fue la primera noche que pasábamos juntos en la que sólo dormimos…

——–

 

 

Tengo una cosa para ti por tu cumpleaños —dije.

Saqué de mi bolsillo un CD. Lo había hecho yo. Estaba compuesto de una selección de canciones que a mí me gustaba relacionar con nuestra relación. Hasta le hice una portada y le puse un nombre: Freelove. Como la canción de Depeche Mode que tanto me gustaba y que a partir de aquel momento ambos mencionaríamos sin descanso.

Yo también tengo algo para ti —dijo ella.

——

 

Gracias por decir lo de la desmitificación del sexo y del amor, es algo que yo creo que estaba rondando en mi mente pero sin acabar de tomar forma. De hecho, creo que se puede entrever en lo que hablamos en los emails. Pero como no entiendo mucho del tema y la impresión imperante es la que es…

¿Estás a gusto con Rocío? —pregunté.

Ciertamente, estoy confusa, aunque por el momento me siento a gusto, así que prefiero no darle muchas vueltas. Me parece muy bonito, nada agresivo…

¿Agresivo? Lo estás comparando con tu experiencia con hombres… ¿Por qué agresivo?

Puede ser…

Pero no todos somos iguales. Eso lo sabes, ¿no? Dicen que soy un hombre un poco femenino. —Me río a carcajadas—. Bien te imaginas, a lo mejor, por lo que hemos hablado. O en contraposición a lo que has criticado o asocias a una mal entendida masculinidad.

Desde luego. Y eso me genera curiosidad.

Y bueno, todo lo que pueda hacer una mujer, técnicamente, te lo podrá hacer un hombre. —La miro a los ojos y esbozo una sonrisa—. Y si no te lo hace, enséñale. A él… o a ella. O… ¡Qué aprenda! La mujer tiene mucho que decir y hacer. Que suerte tenéis. Dicen que podéis ser multiorgásmicas. Dominique me ha dicho que se puede aprender y yo la creo.

Me río estrepitosamente y provoco su sonrisa.

Pero no exijas. El sexo y el amor tienen que ser algo generoso. Las tensiones sobran —continué.

Yo también lo creo. Las tensiones sobran.

Pero si tu deseo te ha acercado a Rocío por algo será. Entiendo que estás confusa, porque no sabes qué hacer y qué te va a implicar lo que hagas… Aunque en el fondo sí sabes qué vas a hacer. ¿No?

Supongo.

¿Te sientes lesbiana?

No.

¿Pero te gustaría conocer a Rocío?

Sí.

¿Hubo orgasmo?

No.

¿No decías que no habías hecho nada con ella?

Mentí.

¿Hubo deseo?

No, pero me dejé llevar. Por lo que hemos hablado, en mí pienso que es posible que el deseo y la excitación no tienen por qué ir unidos. Y no sentir deseo no me produce malestar. Lo que me produce malestar es la presión de alcanzar el orgasmo en una relación sexual, por ejemplo. Deberíamos restarle mucho… a la importancia que le damos al sexo.

Estoy de acuerdo. Pero… cuando quieras hacer un trío me lo dices. —Pongo primero una mueca provocadora y luego río.

Sí, claro. Te podemos enseñar cosas las dos… Porque tú a mí ya me has enseñado.

Como que tú a mí no.

 

—–

—¡Creo que podríamos hacer un dúo en plan bien y tocar por ahí!

—¿Eh? —digo estupefacto.

—Si ya estamos ensayando…

—No lo dices en serio.

—Yo todo lo digo en serio, incluso cuando soy irónica.

—¿Qué cantamos?

—Como los de La buena vida.

—No me suenan. Los buscaré. Pero alguna francesa tendremos que hacer, ¿no?

Baja la cabeza y asiente dos veces, sin mirarme. De verdad que su pensamiento siempre será un misterio para mí. Pero la propuesta parecía divertida.

——-

Abrazados de costado, frente a frente. La mar en calma y el calor todavía mantenido provoca un contacto visual único. Una comunión que había hecho brotar el agua más limpia y clara, y nos había llevado a compartir sensaciones, placeres y sentimientos.

Ella había traído su guitarra consigo. Se divisa en la esquina de la habitación, desde la cabecera de la cama.

¿Tiene nombre? —pregunto mientras miraba fijamente al instrumento.

Sí, es Françoise —contesta mientras se incorpora.

Se dirige a ella totalmente desnuda. Se acerca y abre la funda. Se trata de una guitarra clásica, bonita, elegante, erótica al lado de su desabrigado cuerpo.

¿Tocamos algo? —se apresura a decir mientras abre un bolsillo anterior de la funda para sacar cuadernos y hojas sueltas.

Viene a la cama y deja todo allí. Me levanto con ella y nos ponemos algo cómodo, la ropa interior y alguna camiseta. Nos sentamos con las piernas cruzadas en medio loto.

Aparecen acordes y letras de canciones y más canciones: Todas me gustaban. Empezó con Françoise Hardy luego con Gigliola Cinquetti. Pienso que físicamente tiene un aire a las dos artistas, quizá es una mezcla de ellas. Se lo digo. Sin la partitura delante comienza en tono burlón a cantar una de las canciones más famosas de la italiana en su versión en español.

No está bien que salgamos juntos los dos”.

Canción: No Tengo Edad Para Amarte.

Artista: Gigliola Cinquetti.

Saco mi smartphone y busco la canción en Youtube. Vemos el vídeo de una actuación en 1964, posiblemente en el Festival de San Remo o de Eurovisión. Ganó los dos con tan sólo 16 años. Le gustaba asimilarse a Cinquetti “de joven”. Preciosa melodía e interpretación. Me abalanzo sobre ella y digo:

Tú sí que sabes más cosas que yo.

No creo. Yo soy virginal…

Yo sí que lo soy.

Y nos reímos a carcajadas extendiéndonos, junto con la guitarra sobre el colchón.

¿No tendrás alguna de Elvis Presley? Me gusta mucho.

No me gustan todas las canciones de Elvis, pero las que me gustan, me gustan —dice.

Y aparece la tablatura de Love me tender. Comienza ella y me atrevo a acompañarla yo. Nos lo estamos pasando bien.

Love me sweet”.

Ámame dulce”.

Canción: Love me tender.

Artista: Elvis Presley.

¡Anda! No me digas que te gusta Yo no soy esa, de Mari Trini. Me encanta, es tan temperamental —exclamo.

Comienza a cantar la canción.

Esa niña sí… no…

esa no soy yo”

Canción: Yo no soy esa.

Artista: Mari Trini.

En la cuarta versión quiero cantar con ella. Me apasiono, desafino como el que más, sonreímos, la beso… tras lo que ella, sin cantar, suelta:

—“Yo no soy esa que tú te imaginas, una señorita

tranquila y sencilla…”.

Tú eres fantasía.

Le quito la camiseta, aparto la guitarra; entre risas, jugueteamos a lo largo y ancho del colchón.

 

——–

 

 

“Emocionado por la canción… (…) Su letra era un verdadero homenaje a la intimidad en pareja, a los encuentros y ausencias. Merci, petit fille“.

(…)

“Poco después estábamos brindando con champagne francés y abriendo nuestro obsequio de cortesía: una elegante cajita con toda la información del lugar y una pequeña latita de algo llamado “esferificaciones de chocolate”. Toda una exquisitez a la que le íbamos a dar buen uso. ¡Por los tiempos del amor y la aventura!

“Et de bonheur”.

Canción: Le temps de l’amour. Artista: Françoise Hardy.

(…)

 

Novela romántica en la que lo francés y la canción francesa tiene cierto protagonismo...

Novela romántica en la que lo francés y la canción francesa tiene cierto protagonismo…

 

“—¿Por qué no me miras?

—¿Me quieres seducir con la mirada? ―gira la cabeza hacía mí a la vez que responde.

No sé qué decir y callo. Diez segundos y rompe el silencio:

—Me cuesta mucho mirar a los ojos a un hombre… hasta que no me he acostado con él“.

 

(…)

 

“Me gusta el sexo, pero también ser como el Teddy Bear de la canción de Elvis. Era genial. Creo que me estaba enamorando…”.

(…)

“Pongo mi palma de la mano sobre su vientre. Noto su calor. Noto mucho calor. Coloco la siguiente mano. Con las dos formo una mariposa colocando la base sobre su bajo vientre. Presiono despacito, de abajo a arriba y noto en mis manos como sus latidos aumentan…”

(…)

“Escribí unas letras de canción (…) que  mandé a Irati:  –Con las yemas de mis dedos parezco tocar el cielo…”.

(…)

“El amor que quería ver y que quiero ver ahora hace referencia al sentimiento profundo y sincero basado en el dar. (…) El amor generoso es el bien común”.

 (…)

“—Hola Sonia :D. Bienvenida, aunque no de París, jejeje. Como no estuviste y no lo conoces (todavía) pues te voy a  traer un poquito de París yo a ti. Toma sorpresa…”.

(…)

“Viéndola capaz, no insistí y salimos del templo. ―¿Seguimos el paseo? ―pregunto. Ella hace un gesto de negativa (…) Más tarde tuvimos una idea todavía mejor. Y más loca, si cabe”.

(…)

Una novela romántica sobre las relaciones sentimentales y de pareja

Una novela romántica sobre las relaciones sentimentales y de pareja

 

“—¿Qué me has hecho en la oficina. Creo que perdí la consciencia”

                                     (…)

Tras un cruce de mensajes con canciones de amor y sexo, y (…), quedamos para pasar una noche juntos. (…)

“There’s a yearning inside”.

 Canción: I want you now. Artista: Depeche Mode.

 

 (…)

“El plano secuencia de mis gotas de limpio sudor descendiendo por mi frente y depositándose sobre sudoroso cuerpo en llamas de…”

(…)

“—Dile a Rosa como la llamáis (a la tita Pepi), que no se lo va a creer —carcajada aguantada― (…).

—No me lo puedo creer, pero, ¿y eso?  ¿Ella lo sabe? —dice estupefacta.

 (…)

“—Sí, claro. Te podemos enseñar cosas las dos (Rocío e Irati)… Porque tú a mi ya me has enseñado.

—Como que tú a mí no…”.

 (…)

“Y yo… pierdo la virginidad cada vez que te miro”.

 

 

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muestraperroflaco2

Con canciones de amor y sexo en la Libería

 

10 comentarios de “Capítulo de muestra y fragmentos extraídos de la novela ‘Con canciones de amor y sexo’

    • Gracias por tu comentario. Sí, de eso se trata, jejeje. Por eso ahora digo que es “motivadora” 😀

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